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Testimonios Para La Iglesia, Tomo 3
$99.00 MXN Precio en pesos mexicanos, Aceptamos Tarjetas de crédito o débito (A través de MercadoPago o Paypal), transferencias o efectivo en Bancos, Oxxo, 7-eleven y diversos establecimientos (Solo con MercadoPago)Testimonios para la iglesia, Tomo tres Elena G
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Por ser contenido digital no se aceptan devoluciones salvo en algunas excepciones, conoce más en el siguiente enlace: Envios y devoluciones.Testimonios para la iglesia, Tomo tres Elena G. de White En mil ochocientos setenta y dos, cuando fue escrito el primer Testimonio del tomo tres, todo el ahínco denominacional de los adventistas del séptimo día se concentraba en los USA, y básicamente se realizaba en los estados del centro y del nordeste del país. Había 86 ministros ordenados y licenciados que predicaban el mensaje y inspeccionaban la obra. Teníamos y operábamos una casa publicadora y una pequeña corporación médica, las dos en Battle Creek, Míchigan. A lo largo de una cuarta parte de siglo Dios había conducido a su pueblo tan de forma rápida como pudieron avanzar inteligentemente y al unísono; primero cara una clara entendimiento de las doctrinas enseñadas en la Palabra, entonces en la entendimiento de su responsabilidad de publicar el mensaje; después cara la organización de la iglesia; y al fin cara una mejor forma de vivir. Mas la iglesia tenía ante sí nuevas experiencias y grandes ocasiones para avanzar. Los consejos del tomo tres preparan el camino para esto. A lo largo de los críticos 25 años anteriores, el pastor Jaime White había sido el líder de la nueva causa. Él había empezado la obra de publicaciones, trabajado infatigablemente para la organización de la iglesia, establecido la obra médica, y había continuado a la cabeza tanto de la línea administrativa como de la editorial. Había ido a la cabeza preparando el camino. Con su aguda previsión financiera y su devoción total a la iglesia en desarrollo, fue reconocido como el líder. Siendo este el caso, era natural que otros no advirtieran que debían anticiparse y aceptar responsabilidades en las distintas empresas de la creciente denominación. Este tomo empieza con una discusión sobre este inconveniente y una apelación a fin de que portadores de la carga aceptaran el trabajo en la sede central y aliviaran a Jaime White, que estaba quebrantándose bajo el peso. Vez tras vez, durante este tomo, se hace referencia a la obra en expansión, al incremento de las responsabilidades, y a la necesidad de hombres más jóvenes que aceptaran el mando y llevasen las cargas. Se enunciaron meridianamente los peligros de estimar a un solo hombre como el enorme líder. Las experiencias de este periodo son semejantes a las del águila que está enseñando a volar a sus pichones, primero llevándolos sobre su espinazo y después dejándolos que desarrollen su fuerza, mas con el padre suficientemente cerca para prestar ayuda cuando es preciso. La propia salud decadente de Jaime White, su convicción de que otros debían anticiparse para levantar las cargas, y los usuales pedidos que se le hacían a fin de que prestase servicio en otras partes, todo tendía a separarlo de los intereses administrativos en Battle Creek. Mientras que el pastor White y su esposa proseguían sosteniendo su hogar a mitad de camino entre el sanatorio y la casa publicadora, en la urbe donde estaban las oficinas centrales, frecuentemente los hallamos en lugares distantes. En los veranos de mil ochocientos setenta y dos y mil ochocientos setenta y tres pasaron periodos de reposo en las montañas de Rojo, y por ciertos meses estuvieron asimismo en California. Un periodo todavía más largo lo pasaron en la costa occidental en mil ochocientos setenta y cuatro, donde el pastor White empezó la publicación de Signs ofthe Times. De esa forma otros se vieron forzados a aceptar responsabilidades de liderazgo en las oficinas centrales, y la obra se robusteció. Este asimismo fue un periodo crítico pues, mientras que la iglesia empezaba a acotar su rumbo en temas de liderazgo y organización, ciertos se inclinaban por darle demasiado énfasis a una independencia individual, y estaban en riesgo de reiterar la experiencia de Coré, Datán y Abiram, rebelándose contra la autoridad correctamente constituida. Desperdigadas a lo largo del tomo tres hay consejos que inspiran una repercusión definidamente estabilizadora mediante estas experiencias. Acá y allí se mientan en declaraciones espléndidas ciertos grandes principios de organización y liderazgo. El periodo de 3 años de los tiempos de este tomo asimismo marcó la conclusión de la primera década en la enseñanza y práctica de la reforma pro salud. Se dieron consejos para precaverse contra los extremos por un lado y contra la indiferencia por la otra. Vez tras vez, en artículos generales y testimonios personales, Elena G. de White apuntó a los grandes principios de la temperancia y del adecuado modo de vida, y exhortó a la gente a prosperar en su experiencia nueva y útil de la reforma pro salud. Todo esto fue poniendo las piedras esenciales para una expansión más extensa. Fue en este periodo cuando los fieles empezaron a captar una vislumbre del planeta entero como el campo de tarea. Era una visión pasmosa. Presentaba un reto. Entonces no veían la relevancia de la pequeña escuela de iglesia iniciada en Battle Creek por Goodloe H. Bell, un profesor de experiencia que había admitido el adventismo mediante sus contactos como paciente en el sanatorio. Fue a principios del verano de mil ochocientos setenta y dos cuando empezó este trabajo escolar. Un tanto después ese año se empezaron a trazar planes para una escuela más adelantada a fin de preparar obreros. En el último mes del año, cuando el Testimonio no veintidos llegó a las manos de nuestro pueblo, descubrieron que comenzaba con una apelación a favor de dicha escuela y con instrucciones sobre de qué manera se la debería conducir. “La educación adecuada” es el título del artículo de treintaen el que se expone la enorme visión básica sobre la educación de nuestra juventud. ¿De qué forma podríamos englobar el planeta con nuestro mensaje salvo que tuviésemos un cuerpo de ministros educados? ¿De qué manera podríamos tener un cuerpo de ministros educados salvo que tuviéramos una escuela? Resueltos a prestar atención a la instrucción y enfrentar el reto expuesto tan meridianamente en las147179 de este tomo, nuestros ancestros establecieron un sistema cultural que empezó con el Instituto de Battle Creek. Su edificio primordial fue dedicado el cuatro de enero de mil ochocientos setenta y cinco. Solo ciertos meses ya antes de esta ocasión épica, el pastor John N. Andrews, uno de nuestros primordiales ministros, fue mandado a Suiza para comenzar la proclamación del mensaje en Europa. En los consejos dados poquitos meses ya antes, Elena G. de White había escrito sobre la necesidad de “misioneros para ir a otras naciones para predicar la verdad en una forma cauta, cuidadosa” (p. doscientos veintisiete). Al embarcarse el pastor Andrews [rumbo a Europa] en el otoño de mil ochocientos setenta y cuatro, los adventistas del séptimo día empezaron a dirigir la vista cara otras tierras. Es interesante apreciar lo oportuno del tiempo cuando los mensajes de instrucción y consejo nos llegaron durante los años. Desde el año mil ochocientos cincuenta y nueve, los adventistas del séptimo día habían progresado en la aceptación de sus responsabilidades cara Dios al entender su mayordomía tocante a la benevolencia sistemática; mas al comienzo no percibieron la plena obligación del diezmo, la décima una parte de los ingresos. Ahora en 2 artículos, en el corazón del tomo tres, se aclaró la base del cálculo del compromiso del diezmo cuando la mensajera del Señor escribió en lo que se refiere a una “décima parte” del “ingreso” y de las “nueve décimas partes” que quedaban. No fue sino más bien hasta mil ochocientos setenta y nueve que este término más extenso de la benevolencia sistemática llegó a ser parte de la línea de conducta denominacional, mas ese paso que ha contribuido tanto para asegurar un ingreso incesante y sumamente preciso para la obra creciente, tuvo sus raíces en esos consejos de los 2 episodios, “Diezmos y ofrendas” y “Benevolencia sistemática”, que fueron publicados a principios de mil ochocientos setenta y cinco. El término más pleno de la auténtica mayordomía se distinguió cuando se nos hizo ver que los llamados a la benevolencia están concebidos por Dios, no meramente para reunir dinero, sino más bien como un medio para desarrollar y mejorar el carácter del dador. Como podría aguardarse, un programa de evangelización violento condujo a enfrentamientos con otros conjuntos religiosos, que de forma frecuente nos retaban a discutir y argüir. Diez años ya antes, Moisés Hull, uno de nuestros ministros, había perdido el con rumbo al ponerse en el terreno del contrincante a través de semejantes discusiones. Ahora repetidos consejos ofrecían orientación al indicar los riesgos y los frutos tan reducidos de semejantes sacrificios contenciosos. El tomo tres abunda en tales consejos. Con lo que los temas de este tomo son diferentes, y van desde el consejo a un labrador rico y su esposa sin educación, hasta las instrucciones para el ministro y el ejecutivo. Los artículos generales llenan la mayoría de este tomo. Acá y allí se hallan mensajes personales, publicados para beneficio de todos, pues, como escribió Elena G. de White, muchos de ellos deben ver con experiencias “que en distintos aspectos representan los casos de otros”. Unas pocas revelaciones notables forman la base de la mayoría de este tomo. A lo largo de este periodo las visiones sobresalientes eran menos usuales, mas más extensas. Vez tras vez se hace referencia a las visiones abarcantes del diez de diciembre de mil ochocientos setenta y uno y del tres de enero de mil ochocientos setenta y cinco. Esta última es descrita por Jaime White en una nota al pie de la página seiscientos veinticinco. Las circunstancias de la primera van a ser descritas más absolutamente aquí: Fue en Bordoville, Vermont, donde se dio esta visión. Un informe de la asamblea festejada en ese sitio, el nueve y diez de diciembre, fue mandado a la Review por el pastor Antes de Cristo Bourdeau, en cuya casa se festejó. En él vemos que la Sra. White había trabajado “especialmente para la iglesia”. En una asamblea vespertina “se dieron testimonios singulares a individuos presentes; y cuando fueron confirmados [por aquellos a quienes fueron dirigidos], penetraron luz y libertad”. 2 hijos de uno de los fieles y la esposa de uno de ellos vinieron el último día de la semana de tarde para despedirse de la Sra. White. Se habían mantenido en un “estado de rebeldía”. Entonces el pastor Bourdeau ofrece un cuadro vivaz de lo que ocurrió: “En este instante, la Hna. White sintió el auténtico peso de sus casos, y un ansia singular por su salvación, y les dio valiosas instrucciones. Entonces se arrodilló con ellos y rezó por ellos con gran furor, fe y tenacidad, a fin de que pudiesen retornar al Señor. Ellos cedieron y rezaron, prometiendo servir al Señor. El Espíritu del Señor se aproximó cada vez más. La Hna. White se sentía sin obstáculos y pronto, inopinadamente para todos, estuvo en visión. Continuó en esta condición a lo largo de 15 minutos. “Se extendieron las noticias, y pronto la casa estaba llena. Los pecadores tremieron, los fieles lloraron, y los apóstatas retornaron a Dios. La obra no se limitó a los presentes, como nos hemos enterado desde ese momento. Ciertos que habían continuado en la casa se sintieron fuertemente persuadidos [de pecado]. Se vieron mismos como jamás se habían visto ya antes. El ánel de Dios estaba sacudiendo el sitio. La brevedad del tiempo, el terror y la proximidad de los juicios venideros y el tiempo de sofocación, la mundanalidad de la iglesia, su falta de amor fraternal, y su falta de preparación para localizar al Señor, impresionaron con fuerza las psiques de todos”.—The Review and Herald, veintiseis de diciembre de mil ochocientos setenta y unoTe recomendamos ver nuestro tutorial con imágenes aquí: COMO COMPRAR
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