Testimonios Para La Iglesia, Tomo 8

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Testimonios para la iglesia, Tomo ocho Elena G
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Testimonios para la iglesia, Tomo ocho Elena G. de White El tomo ocho fue publicado para hacer en frente de una crisis: la mayor que la Iglesia Adventista del Séptimo Día había debido enfrentar hasta ese momento. Se aprecia la emergencia del tema en el hecho de que el libro vio la luz en el mes de marzo de mil novecientos cuatro, 15 meses después de ser publicado el tomo siete. En el instante de su publicación, no se sabía qué giro tomarían las cosas. Actualmente podemos contemplar el pasado y percatarnos de que su instrucción estabilizadora desempeñó un papel muy importante en la prevención del desastre que conminaba. Al tiempo que la obra de la denominación intentaba extenderse por todo el planeta y pese a que se había llevado a cabo una reorganización de la Asociación General, lo que dio sitio a un desarrollo acelerado y saludable, se generaron en nuestra sede de la urbe de Battle Creek determinados acontencimientos que, de no haberse mantenido a raya, habrían causado la destrucción de los propios fundamentos de la fe adventista del séptimo día. Todo ocurrió de una forma tan solapada que, al comienzo, los riesgos de la situación pasaron desapercibidos debido a que el fallo se presentaba bajo el mantón de “nueva luz”. Prácticamente por fin del siglo ciertos obreros de nominaciones, y particularmente el representante de los intereses médico misioneros, fomentaban ciertas ideas referentes a la persona de Dios, que estaban muy fuera de armonía con las claras enseñanzas de la Palabra de Dios y la situación de la iglesia. Sin embargo, estas enseñanzas eran decretadas tal y como si hubiesen sido un adelanto en la entendimiento del mensaje y se afirmaba que de ser admitidas por la mayor parte, generarían en el pueblo de Dios una gloriosa experiencia que serviría para acelerar la terminación de la obra. Estas ideas panteístas visualizaban a Dios no como un enorme ser personal que rige el cosmos, sino como una suerte de poder o bien fuerza perceptible y palpable en la naturaleza y difundido por toda la atmosfera. Confundiendo el poder de Dios con su personalidad, veían a Dios en la luz del sol, en las flores, en la yerba, en los árboles, y en sus prójimos. Estas ideas extrañas mas cautivadoras, se presentaron en público en un congreso de la Asociación General, se defendieron claramente en el Instituto de Battle Creek, y se difundieron vez tras vez en el Sanatorio de Battle Creek. Con el tiempo, esta “nueva luz” se transformó en tema de discusión toda vez que los obreros adventistas del séptimo día se reunían informalmente o bien en temporadas de concilios. Si bien era un tema de profunda preocupación para los líderes de la iglesia, sus sacrificios por frenar estas enseñanzas panteístas parecían totalmente inefectivos. A lo largo del invierno de ciento noventa doscientos tres el movimiento cobró ímpetu. Entonces se aguzó el inconveniente con la publicación de un libro sobre fisiología y también higiene escrito en estilo popular, en el que un médico señalado de la denominación expuso tenuemente estas ideas. El libro fue publicado para ser vendido extensamente por los adventistas del séptimo día con el propósito de colectar fondos para reconstruir el Sanatorio de Battle Creek. A los líderes de la iglesia les dio la sensación de que probablemente se llegaría a una crisis en el congreso de la Asociación General que se efectuaría en la primavera de mil novecientos tres, cuando aguardaban que la Sra. de White trataría meridianamente del tema. Mas toda vez que charlaba parecía hacerlo con limitación y presentaba un mensaje en el que apelaba a la unidad en la obra y la necesidad de obrar juntos con exactamente el mismo interés. Cuando acabó el congreso de la Asociación General, aún no se había encarado el tema. Varios meses después, en el otoño de mil novecientos tres, la Sra. de White recibió instrucciones a través de una visión de hacer frente rápida y de manera directa a las doctrinas panteístas y de apuntar los riesgos de las enseñanzas especulativas y espiritistas que las acompañaban. La correspondencia despachada por ella desde California llegó a manos de los hermanos en el Concilio Otoñal en Washington, D. de C., en el instante culminante de la crisis. Ahora todos podían ver que Dios estaba dirigiendo y resguardando su obra y, bajo la luz de los mensajes del espíritu de premonición, todos decidieron ponerse del lado de la verdad. No obstante, afuera en el campo había perplejidad, inseguridad y confusión. Testimonios para la Iglesia, tomo ocho, llevó un mensaje sobre este tema que de una forma acertada definió la verdad y de este modo dejó que el fallo sobresaliese en alto relieve. Se enfrentó la crisis y la iglesia se salvó. Ningún poder humano por sí hubiese podido conservar la iglesia en esta crisis. Aparte de esta señalada polémica doctrinal, había otros temas de carácter eclesiástico en los tiempos del tomo ocho. Apenas unas poquitas semanas tras haber salido el tomo siete de la imprenta, con su mensaje de consejo referente a la obra que se realizaba en las casas publicadoras, la imprenta de la Asociación Publicadora Review and Herald [Review and Herald Publishing Association] fue destruida por fuego. Este era el segundo gran desastre en Battle Creek y ocurrió menos de once meses tras el incendio del sanatorio. En relación con esta pérdida brotaron inconvenientes considerablemente más serios que la reconstrucción de la propiedad destruida. Por años los consejos del espíritu de premonición habían recomendado que los fieles debían diseminarse desde Battle Creek y establecer las compañías del sanatorio, de educación y publicaciones en otros lugares. Con emergencia se había instado a nuestro pueblo que no se reunieran en grandes Números en la sede de la obra. Fue como contestación a estos consejos que el viejo Instituto de Battle Creek se había mudado a Berrien Springs, Míchigan, un sitio de campo. En tanto que el plantel de producción de la Review and Herald había sido destruido por fuego, a los líderes les dio la sensación de que era el tiempo favorezco de trasladar la obra de la casa publicadora a otra localidad y, por ende, se dieron los pasos precisos en esa dirección. Desde el comienzo la sede de la Asociación General estaba situada cerca de la oficina de la Review and Herald. Las 2 parecían ser inseparables. Cualquier plan de trasladar una de ellas a la fuerza implicaba la otra. Respondiendo al consejo procedente del espíritu de premonición, se procuraron localidades convenientes y, por último, se hallaron propiedades admisibles a las afueras de Washington, la capital de la nación. La obra de la casa publicadora y de la Asociación General fueron trasladadas a ese centro en el mes de agosto de mil novecientos tres. Con el objetivo de asistir a los adventistas del séptimo día a entender el trasfondo del desastre que asoló la casa publicadora y a fin de que se viese la necesidad de resituar la obra sobre una nueva base y en una localidad diferente, se presentaron los “Consejos de manera frecuente repetidos”. en el tomo ocho. Estos temas que debían ver con nuestra obra médica, nuestra obra de publicaciones, y con exactamente las mismas doctrinas de la iglesia, eran grandes y fácilmente pudieron haber desviado la atención de nuestro pueblo alrededor del planeta de la primordial obra que tenemos por delante: la de llevar el evangelio eterno al mundo entero. Pese a que el tomo ocho fue publicado eminentemente con la intención de hacer en frente de estas crisis, y de dejar en claro por siempre a los adventistas del séptimo día cuál es el curso adecuado, el enfoque de Elena de White fue positivo. El tomo comienza, no con un cuadro de los inconvenientes que encarábamos, sino con la sección titulada, “Oportunidades presentes”, en la que “Nuestra obra” es presentada de una forma atrayente. Entonces prosiguen episodios sobre “La comisión”, “El poder prometido”, y creencias sobre nuestras responsabilidades en casa y en el extranjero, con mención singular de “Nuestra obra en Europa”. Cuánto habría complacido al gran oponente de la verdad que las psiques y los pensamientos del pueblo de Dios se hubiesen podido desviar de la enorme obra inacabada, a través de conjeturas sobre la Deidad, por el fanatismo, o bien por ideas confusas sobre organización. Mas el pueblo de Dios no tenía que ser distraído de su obra de llevar la luz al planeta. Atentos a su obra dieron pasos de avanzada. No hay que negar que ciertos se descarrilaron a lo largo de la crisis de ciento noventa doscientos tres. La denominación perdió ciertas propiedades institucionales; no obstante, en vez de diferir la obra, la crisis más bien apuntó el principio de grandes y violentos movimientos. Las amonestaciones de la sección titulada “Estad prevenidos” y la clara delineación de la verdad en el conjunto de los episodios sobre “El conocimiento esencial” servirán para proteger a la iglesia de enseñanzas equivocadas, y el resto consejos del tomo ocho nos favorecerán hasta el fin del tiempo. Los Fideicomisarios del Patrimonio White
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